
Volver al trabajo después de las vacaciones debería ser una maravilla, y sin embargo, ¿no se os hace terrible?
Comprobar que tu jefe y todos aquellos de los que depende tu trabajo han estado esperando el momento de la vuelta no se hace esperar, hay una pila de papeles en tu mesa, asuntos que han estado parados porque tú no estabas, y un jefe que te echa en cara con un comentario jocoso y una sonrisilla benevolente que “ahora que volvemos de vacaciones toca currar”…
Yo me propongo tomármelo con calma momentos antes de llegar a mi mesa, pero confieso que cuando compruebo que las cosas tienen que volver a estar al día, me estreso, y el primer día resulta agotador. Eso sin mencionar la pequeña depresión que vienes escondiendo porque recuerdas lo bonito que estaba el campo dos días antes, o lo fresca que estaba aquella cervecita a pie de playa…
Has estado fuera durante unos días, pero nuestra querida oficina ha estado esperándonos, con tu asiento vacío, tu mesa llena de papelotes, y un jefe ansioso por que regreses y no vuelvas a dejarle “solo”…






