El día de la marmota

marmota

¿Recordáis esa película en la que Bill Murray se despertaba cada día en la misma fecha, y se repetía todo a su alrededor porque se había quedado atrapado en el tiempo?

A veces tengo la sensación de que en la oficina me ocurre algo parecido. Entro por la puerta, ficho, mi jefe llega unos minutos más tarde, intercambio comentarios sin importancia con la compañera de al lado, trabajo en cosas siempre parecidas, fotocopio páginas que parecen las mismas siempre, archivo en carpetas de idénticas cualidades, cojo llamadas telefónicas que siempre preguntan lo mismo, desayunamos siempre pan con tomate, comentamos la situación de los proyectos que no suele variar, etc, etc, etc.

La diferencia la marcan las novedades, los comités, preparar alguna reunión, noticias interesantes ajenas a la oficina que nos cuenta algún compañero. Si no fuera por pequeñeces que me hacen sonreír me vería atrapada en el tiempo, como el protagonista de El día de la marmota. Y si no fuera porque no puedo permitirme ser una snob, acudiría a uno de esos psiquiatras freudianos como si fuese el mismísimo Woody Allen.

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