El picoteo

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El picoteo en la oficina es algo inevitable. Las prisas de la mañana que roban a muchos un desayuno en condiciones, el stress, la ansiedad y el propio aburrimiento nos conducen a ello inevitablemente. No se trata de un desayuno, no es la hora del café, son esas maravillas que otros dejan en una mesa bajo el aviso de “esto es para todosâ€, y entonces comienza el desenfreno…

Diriges tu mirada fugazmente en un primer momento. Tiene buena pinta. Te levantas al baño fingiendo que vas a rellenar la botella de agua y descubres que su aspecto es delicioso. Deseas que alguien se acerque y que estrene la caja, que saque uno y abra la veda, pero eso no siempre pasa.

Así que decides que tienes que ser tú, le das media hora más al asunto, haces otra gestión y te acercas decidida, sin temores, sacas la galleta de su caja, y te la comes de camino a la mesa, como si fuera lo más normal del mundo. Luego esta escena se repite. La repites tú, la repiten los demás, otros traen chocolates, dulces, más bollos… Y al final encuentras que comer entre horas en la oficina es muy difícil, y bueno, que ignorar estos pequeños placeres es totalmente imposible.

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