La imagen, ¿lo es todo?

Depende para qué, y depende para quién. Nunca he sido partidaria de los extremismos, y es indudable que hay lugares de trabajo en los que la exigencia del atuendo y el aspecto es demasiado importante, exagerado e incongruente con los salarios de las secretarias.

Pero también es cierto que en la mayoría de los lugares donde exigen una imagen de este tipo son lugares en los que la presencia es muy importante de cara al cliente, y en ese sentido no pueden relajarse.

Soy de las que opina que un pelo limpio y bien peinado, una ropa sin estridencias y un aspecto aseado y complementado con unos pendientes o collar sobrio, se basta y se sobra para dar con esa imagen. Todos los días en la oficina me cruzo con chicas que jamás han repetido modelo, pero que aún con tacones y americana, atentan contra el buen gusto, incluyendo los dos kilos de maquillaje que llevan encima, ¡de verdad! Si alguien piensa que gastar pasta y pintarse demasiado no fallan en cuanto a presencia, se equivocan.

Se me ocurren un montón de trucos para ir “muy mona” sin gastar la mitad del sueldo, pero no quisiera alargarme demasiado. Prometo mencionarlos en un nuevo post titulado “Trucos para ir siempre bien sin hacer estallar la tarjeta de crédito”.

Y feliz puente a tod@s las madrileñ@s…

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