
Sabemos que ser secretaria no es cosa fácil. Recebir llamadas impacientes, recibir órdenes impacientes, peticiones de terceros que no tendrías que hacer, calmar a un jefe que siempre está estresado tratándole siempre de un modo tranquilo para que vea que aquí no pasa nada, preparar viajes en menos de 24 horas, adornar informes que inadornables, buscar teléfonos de personas que nunca existieron…
Son ese tipo de cosas que hacernos a diario, sin vanagloriarnos, y porque nos gustan las “emociones fuertes”.
Un ejemplo que os sacará una sonrisa y os recordará alguna situación parecida es este post en este blog, de esta secretaria, Isi, con la que personalmente me siento identificada. ¿Qué os parece?






