Una compañera de oficio, pero sobretodo amiga mía, trabaja en una oficina pequeña y parece que el hecho de serlo (pequeña) le reporta un montón de inconvenientes.
Para empezar, no puede llamar por teléfono porque controlan las facturas bastante, y podrían llamarle la atención. Además de eso, trabaja codo con codo con su jefa, quien no le deja vivir tranquila, dándole tareas constantemente y haciendo hincapié en que eso de que algunos se conecten a su correo de Internet en horas de trabajo le parece “tener una buena jeta”. Además de esto, mi amiga permanece sentada prácticamente todo el tiempo, el que ella se levante para ir al servicio, a beber agua, o a desayunar supone el peligro de perder llamadas si su jefa está ocupada, así que si quiere desayunar, debe hacerlo frente a la pantalla, y si quiere ir al aseo, no debe demorarse… Luego tiene su hora de comer, puntual al máximo, y una hora de salida que suele alargarse, yo le digo que en ese aspecto debería ser ella quien acabase con esa costumbre que tan poco le agradecen…
Cuando me habla de estas cosas me pregunto por qué sigue ahí, y que tal vez soy una suertuda porque tengo mi tiempo para el café, llamo si lo necesito, chequeo mi Hotmail todos los días sin por eso dejar de hacer mi trabajo, y nadie me vigila de no ser por alguna entrometida que no tiene mucho que aportar. Reconozco que una siempre puede mejorar condiciones, pero estoy contenta con lo que tengo y creo firmemente que el estado de sitio no es bueno para nadie. Especialmente cuando es alguien de confianza, que demuestra interés, y que da tanto de sí misma a su trabajo. Considero que mimar al empleado con beneficios como estos y sin vigilancia enfermiza es un punto más para conservarlo y que no abandone a la primera de turno.






