
Me sumerjo en Internet con la esperanza de encontrar anécdotas curiosas que saquen una sonrisa a las secretarias que nos siguen, pero no es tan fácil. Son pocos los que nos rinden homenaje, y predominan los comentarios poco interesantes y elevados al tópico de siempre.
Y si no echad un vistazo a este post (un poco viejo, de 2007) en el que una simpática persona nos tacha de todo menos de interesantes. Chismosas, sosotas, carrozotas, antipáticas, frÃas o ineficaces, ¡se deshace en halagos! Por lo que se puede entender en el post, somos algo asà como el ogro de la oficina.
Lo malo es que comparto con ella algunas ideas, porque somos secretarias, pero sabemos que no todas las que nos rodean son como nosotras… Sin embargo os lo dedico a todas. Lo cierto es que he encontrado parte de mà en uno de los perfiles, y no está mal mirar el espejo. Meditar sobre cómo somos, cómo trabajamos, cómo nos ven… y cómo nos gustarÃa ser vistas.








Por seguir con la vena superficial (ayer una se pone a hablar de tacones y se le van los dedos por las teclas), hacer homenaje a esa fabulosa pelÃcula en la que Melanie Griffith querÃa terminar con varios tópicos de un solo disparo, que ni rubias, ni secretarias, ni siquiera mujeres impresionantes subidas en un par de tacones son tan tontas como las pintan, y que con esas caracterÃsticas, no sólo pueden levantarle el novio a la ejecutiva de turno, si no el puesto y el éxito.





